El
género del suspense siempre ha sido
uno de los predilectos de la cartelera española. Por lo general es
un tipo de película que nos gusta y sabemos hacer bien si nos ponemos serios en el empeño. Por eso
no sorprende, aunque pueda llegar a cansar,
que cada año salgan un par de películas patrias excepcionales
que utilizan este género y que nos mantienen pegados a la butaca los minutos que duren. Sin ir más lejos, este mismo año hemos tenido grandes películas como
Tarde para la ira (
podcast) o
El hombre de las mil caras (podcast) que nos han hecho vibrar y contener la respiración.
Que Dios nos perdone nos cuenta
la historia de Alfaro y Velarde, Roberto Álamo y Antonio de la Torre respectivamente,
dos policías algo contrarios que trabajan juntos para dar caza a un asesino en serie que ha surgido en las calles de Madrid en mitad de la Jornada Mundial de la Juventud que trajo al Papa a la capital española.
Sería injusto empezar diciendo que Rodrigo Sorogoyen, director de la cinta, ha hecho un mal trabajo de dirección o guion en Que Dios nos perdone. Lo sería porque
la película no está ni mal dirigida ni mal escrita, solo mal explotada. Pero no me voy a adelantar a las conclusiones finales aún. Como ya he dicho,
Rodrigo Sorogoyen (
Stockholm) dirige y escribe este
thriller policíaco de corte fincheriano en algunos segmentos, aunque al director y a uno de los protagonistas no les guste la referencia, donde nos encontramos con
una historia de policías que ya hemos visto. Se trata de
una pareja de hombres de cortes muy distintos, uno es
un policía violento que ya ha sido expedientado y el otro
un policía acomplejado y tímido por su tartamudez, que se ven
unidos para investigar una serie de asesinatos y que en el trascurso de la trama se conocen más a sí mismos y entre ellos. Pero
no por ser más arquetípica la película deja de tener potencia, no vayamos a simplificar las cosas. Sorogoyen nos regala
algunos momentos de dirección y posición de cámara muy interesantes y que ayudan al espectador a no entrar en la sensación de estar viendo la misma historia que siempre, que son los que al final determinan la originalidad de su puesta en escena y su calidad como conjunto.
En cuanto al guion de la película, hay que destacar la
influencia palpable de Seven, una vez más David Fincher, en la
sordidez de algunas escenas y el desarrollo de estas. Pero tampoco lancemos las campanas al vuelo. Aunque esta historia se inspire claramente en la de Fincher, sus diferencias son más que notables para separar ambas como entes distintos y autosuficientes.
Donde Seven era un crescendo de sordidez e inmundicia humana, Que Dios nos perdone lo es de naturalismo y vergüenza. No vergüenza ajena por la cinta, sino por las miserias internas que todos cargamos y que no queremos que nos tiren a la cara.
Un apartado a destacar de la película son las
magnificas interpretaciones que nos regalan los dos protagonistas.
Antonio de la Torre (
Azuloscurocasinegro) es, actualmente,
un valor seguro para conseguir calidad en estos aspectos, y, aunque para el que aquí escribe no sea su mejor interpretación del año, en esta ocasión no defrauda como policía tartamudo y retraído. Su compañero es
Roberto Álamo (
La Gran Familia Española) quien construye un personaje arisco y violento que poco a poco va ganándose al espectador y
roba la película totalmente.
Los dos desarrollan una química arrolladora, como ya les ocurrió en
La Gran Familia Española, y se erigen como
una de las parejas de policías mejor construidas del cine actual. Tampoco quiero irme sin destacar a
Luis Zahera (
Celda 211) quien
consigue rivalizar con los dos protagonistas en sus escenas y tiene uno de los mejores diálogos de la cinta.
Entonces, ¿qué quería decir al principio con que la película está mal explotada?
Cuando tú
te sientas a ver esta película esperas exactamente
lo que te han ido diciendo todas las demás
críticas y premios que ha cosechado la cinta a lo largo de los meses; y
no voy a decir que no lo encuentres, solo que
lo encuentras más edulcorado de lo que te han hecho pensar. Desde luego que esto no es ningún contra para la cinta, es más,
el publico valora esta rebaja en la sordidez visual y que los personajes, dentro de su aridez,
sean cercanos y amables. El problema que veo, y es una opinión que solo me representa a mí en estas palabras, es que
la historia pierde velocidad intentando que el espectador no se horrorice ni odie a los personajes. Cuando las imágenes podrían volverse más truculentas, el director las rebaja cerrándolas. Cuando los personajes podrían volverse más antipáticos, el director los acerca con escenas de ternura. Y creo que
la película podría ser más incisiva hacia el espectador si no estuviera rebajada así. Por supuesto, todo esto
no quita calidad al producto; pero sí resta empuje en las opiniones de la gente.